domingo, noviembre 26, 2006

Los más afortunados mueren primero

Como ya estaréis enterado ( y si no ya lo sabéis) el pasado sábado 11 de noviembre fue mi cumpleaños. Mi hermana me había preguntado que qué quería que me regalase, y como ella me hizo comprarle el nuevo disco de David Bisbal yo le pedí la que considero una de las mejores pelícuclas de terror del año: Las colinas tienen ojos, de Alexandre Aja. Sin embargo, no ha podido regalármela hasta este fin de semana, ya que aunque el DVD ya estaba en alquiler no salió a la venta hasta 11 días después de mi cumpleaños, pero la espera ha merecido la pena. Como estareis imaginando, procederé a comentar la película, pero os advierto que voy a destripar datos importantes de la misma, por lo que aconsejo a todo aquel que no la haya visto y tenga interés en verla que se abstenga tanto a leer lo que vendrá a continuación como a visionar el vídeo que está más abajo.

Las colinas tienen ojos es un remake de una de las primeras películas de Wes Craven, director de la trilogía (y esperemos que así quede) de Scream, que escribió y dirigió allá por 1977. Craven se basaba en sucesos reales acontecidos en Escocia en el siglo XV; uno asaltador de caminos llamado Sawney Bean y su novia se instalaron en una cueva en medio del campo y empezaron a procrear como conejos, manteniendo a sus hijos con lo que robaban a los caminantes. Era una familia de hábitos deshumanizados, hasta el punto de cometían incesto y procreaban entre ellos, llegando a formar un clan de 48 miembros. Con tantas bocas que alimentar había que sacar comida de alguna parte, así que se les ocurrió la bonita idea de matar a los caminantes para comérselos. Vivieron 25 años sin ser descubiertos, hasta que por fin pudieron escapar testigos vivos de allí e infromaron a las autoridades. Hizo falta un ejército para reducirlos y apresarlos, todos fueron ejecutados.

Como decía, la versión de 1977 se inspió en esta anécdota, aunque la historia era diferente. Se situaba en la actualidad, en el desierto de Nevada. El matrimonio Carter va en su carabana por el desierto de Nevada con la intención de llegar a California para celebrar sus bodas de plata, junto con sus dos hijos adolescentes, su hija mayor, su yerno, su nieta bebé y sus dos pastores alemanes. Pasan por la descuidada gasolinera de un viejo alcohólico que les indica un atajo para llegar antes a su destino. Pero el atajo resulta ser una trampa, la familia tiene un pequeño accidente y queda incomunicada en medio del desierto. Ahí experimentarán el verdadero horror: hay otra familia de caníbales deformes que vive en las colinas y les azecha, esperando el momento oportuno para atacar y no dejar a nadie con vida. La película estaba muy lograda para la época, hasta tuvo una secuela en 1985, aunque ésta pasó sin pena ni gloria. En 1992 un adolescente francés de 14 años, Alexandre Aja, la contempló horrorizado la primera entrega, sin saber que 14 años después sería él quien se encargaría de devolverla a la vida en este fabuloso remake.

Cuando se estrenó este verano estaba deseando verla, ya que hace dos años otro remake de un clásico de terror, Amanecer de los muertos, me dejó muy buen sabor de boca, y éste tenía muy buenas críticas. Pero como ninguno de mis amigos se dignaba a ir al cine conmigo tuve que ir solo, cosa de la que no me arrepiento. Ya desde la primera escena supe que iba a asistir a un espectáculo brutal, seguida de un genérico divertidísimo que convinaba música de los 50 con imágenes de prubes nuclerares del gobierno de los Estados Unidos. En la versión de Aja hay una justificación para la deformidad de los "otros": la radiación producida por las explosiones en el desierto de Nevada durante los años 40 y 50. El Gobierno ordenó desalojar un pueblo de mineros para hacer pruebas nucleares, pero los mineros no querían abandonar sus casas, así que se escondieron en las minas, esperaron a que soltaran las bombas y luego salieron al exterior para repoblar la zona, exponiéndose a la radiación, que les produjo deformidades y los convirtió en monstruos tanto física como mentalmente. Estos monstruos están resentidos con el resto de la humanidad, por lo que hacen todo el mal posible en su área de acción.

Me atrevería a decir que se trata de un remake que supera con creces a la original, ya que tiene más tensión, más aventuras, y mejores efectos especiales. Los personajes están un poco mejor desarrollados, sobre todo la familia Carter. Vemos más paulatinamente la evolución de Doug (Aaron Stanford): empiza siendo un pacifista que no cree en las armas y que traga a su suegro, que en un gesto de humildad se hace llama el Gran Bob, tanto como éste lo traga a él; después cuando asesinan a su mujer y se llevan a su hija se arma de valor para ir en su búsqueda, rescatarla y huir; y finalmente, acaba por aceptar que la violencia sólo puede ser reprimida con más violencia y que si quieres sobrevivir, eso de gritar, correr, esconderte y suplicar piedad no siempre funciona, hay que buscar otros métodos. Sin embargo, tras una intensa pelea con el asesino de su mujer es capaz de dejar a un lado toda esa agresividad y contemplamos la ternura de un padre que sostiene a su hija. Los dos adolescentes tienen también más protagonismo en esta versión. La chica, a la que en un principio violan y aparentemente la dejan traumatizada y catatónica, dando la sensación de que ya estaría muerta de no ser por la ayuda de su hermano, al final de la película, cuando Papá Júpiter (Billy Drago) está en el suelo herido, coge un pico y corre hacia el que se había comido el corazón de su madre para rematarlo con ira.

Desde el principio la película muestra una desolación angustiante. El grupo Tomandandy, que ya nos demostró su talento en Mothman: la última profecía, ha compuesto una banda sonora que encaja a la perfección. Me encantó la escena del cáter, hay que ser un poco lerdo para no darse cuenta de lo que pasa. Las aventuras en el pueblo de los mutantes son geniales. Incluso yo que ya había visto la película original y por tanto sabía cómo iba a terminar todo en tensión. Es como La matanza de Texas pero más bestia.

En el reparto destacan Ted Levine (Buffalo Bill en El silencio de los corderos), Vinessa Shaw (la prostitua de Eyes Wide Shut de mi dios Stanley Kubrick), Emilie de Ravin (de la serie Perdidos), Robert Joy (Charlie en La tierra de los muertos vivientes de George A. Romero, mi otro dios) y el técnico de efectos de maquillaje, sangre y vísceras Greg Nicotero, que tiene un pequeño papel.

Al igual que su anterior versión, esta película se convertirá en una pequeña joya del cine de terror. Debido a su éxito ya se está rodando una secuela, aunque lamentablemente sin Alexandre Aja, que ha cumplido muy bien con las espectativas. Esperemos que esta secuela no siga los pasos de la antigua. De momento, yo me quedo con esta apoteósica primera parte. Breakfast time!

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