lunes, enero 30, 2006

El Manifiesto del Hacker

Hoy han cogido a otro, aparece en todos los periódicos. "Joven arrestado por delito informático", "Hacker arrestado por irrumpir en un sistema bancario". "Malditos críos, son todos iguales". ¿Pero pueden, con su psicología barata y su cerebro de los años cincuenta, siquiera echar un vistazo a lo que hay detrás de los ojos de un hacker? ¿Se han parado alguna vez a pensar qué es lo que les hace comportarse así, qué les ha convertido en lo que son? Yo soy un hacker, entre en mi mundo. Mi mundo comienza en el colegio. Soy más listo que el resto de mis compañeros, lo que enseñan me parece muy aburrido ("Malditos profesores, son todos iguales"). Puedo estar en el colegio o un instituto. Les he oído explicar cientos de veces cómo se reducen las fracciones. Todo eso ya lo entiendo. "No, Sr. Smith, no he escrito mi trabajo. Lo tengo guardado en la cabeza". "Malditos críos, seguro que lo ha copiado. Son todos iguales". Hoy he descubierto algo: un ordenador (un momento, esto mola). Hace lo que quiero que haga. Si comete errores, es porque yo le he dicho que lo haga, no porque yo no le guste, me tenga miedo, piense que soy un listillo o no le guste ni enseñar ni estar aquí ("Malditos críos"). A todo lo que se dedican es a jugar ("Son todos iguales"). Entonces ocurre algo... se abre una puerta a un nuevo mundo... todo a través de la línea telefónica, como la heroína a través de las venas, se emana un pulso electrónico. Buscaba un refugio ante las incompetencias de todos los días... y me encuentro con un teclado. "Es esto... aquí pertenezco... ". Conozco a todo mundo... aunque nunca me haya cruzado con ellos, les dirigido la palabra o escuchado su voz... los conozco a todos... malditos críos. "Ya está enganchado otra vez al teléfono. Son todos iguales... puedes apostar lo quieras a que son todos iguales... les das la mano y se toman el brazo... y se quejan de que se lo damos todo tan masticado que cuando lo reciben ya ni siquiera tiene sabor". O nos gobiernan los sádicos o nos ignoran los apáticos. Aquellos que tienen algo que enseñar buscan desesperadamente alumnos que quieran aprender, pero es como encontrar una aguja en un pajar. Este mundo es nuestro... el mundo de los electrones y los interruptores, la belleza del baudio. Utilizamos un servicio ya existente, sin pagar por eso de que podría haber sido más barato si no fuese por esos especuladores. Y nos llamáis delincuentes. Exploramos... y nos llamáis delincuentes. Buscamos ampliar nuestros conocimientos... y nos llamáis delincuentes. No diferenciamos el color de la piel, ni la nacionalidad, ni la religión... y vosotros nos llamáis delincuentes. Construís bombas atómicas, hacéis la guerra, asesináis, estafáis al país y nos mentís tratando de hacernos creer que sois buenos, y aún nos tratáis de delincuentes. Sí, soy un delincuente, mi delito es la curiosidad. Mi delito es juzgar a la gente por lo que dice y por lo que piensa, no por lo que parece. Mi delito es ser más inteligente que vosotros, algo que nunca me perdonaréis. Soy un hacker, y éste es mi manifiesto. Podéis eliminar a algunos de nosotros, pero no a todos... después de todo, somos todos iguales.

El Mentor

miércoles, enero 18, 2006

Battle Royale: la reforma educativa del milenio


Battle Royale, una estupenda película dirigida por el fallecido Kinji Funkasaku. La peícula, basada en una novela de Koshun Takami, describe un futuro cercano en el cual, para controlar a una juventud rebelde e inadaptada, el gobierno japonés aprueba la ley BR (Battle Royale), que consiste en coger a toda una clase de secundaria, llevarla a una isla desalojada, entregar un arma a cada alumno y hacer que se maten etre ellos por toda la isla hasta que sólamente quede uno:el ganador. Sin embargo, ésta película no es del todo ciencia-ficción. Os desvelaré los detalles de sus orígenes.

La Ley de Reforma Educativa BR tiene su origen en la Alemania nazi. Aunque la mayoría de los historiadores creen que se trata de una idea de Adolf Hitler para someter a los países que entrasen bajo su dominio, el hombre que redactó este proyecto fue Hermann Wilhelm Goering, mariscal del tercer Reich, comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas alemanas y segundo líder más poderoso del partido Nazi. Goering, adicto a la morfina, se inspiró en las batallas de gladiadores del Imperio Romano para concebir un juego, Blitz Royale, en el que los participantes tuvieran que matarse ente sí. De esta forma, los patrocinadores del juego, sus amigos o simpatizantes y cualquiera que quisiera podría apostar por uno u otro participante.

Dado el "ingenio" del autor de esta ley y pese a la desaprobación del mismo, Hitler distribuyó copias del informe entre sus aliados y simpatizantes, entre ellos España, Italia y Japón. Afortunadamente, éste “juego” no tuvo la oportunidad de llevarse a la práctica, ya que, dado que los alemanes se habían dado cuenta de que se estaban quedando sin prisioneros en los campos de concentración para realizar trabajos forzados, decidieron prorrogar sus vidas. De este modo, Hitler tenía pensado inaugurar el Blitz Royale una vez hubiera ganado la guerra, cosa que evidentemente no llegó a suceder.

Cincuenta años después de la caída de las potencias del Eje, el novelista japonés Koshun Takami, que buscaba documentación sobre la alianza entre Alemania y Japón durante la Segunda Guerra Mundial, encontró el informe redactado por Goering. A Takami se le ocurrió una idea mejor que la que tenía pensada: fue éste el nacimiento de Battle Royale.

El juego de los alemanes consistía en trasladar a todos los prisioneros de un barracón de un campo de concentración elegido al azar a un perímetro vallado o del que no haya escapatoria, entregar armas blancas a cada uno y hacer que se maten entre ellos hasta quedar solamente uno, al que se le permite vivir y alistarse con honores en el ejército alemán. Takami adaptó el proyecto haciendo lo propio con una clase de cualquier escuela de secundaria escogida al azar, siendo Battle Royale un fenómeno de masas, seguido en Japón y en todo el mundo como un mero espectáculo. Las reglas del juego son:


1º Cada estudiante recibirá una bolsa con provisiones para tres días y un arma. Dicha arma puede ser tanto de fuego como un arma blanca.

2º Los estudiantes tendrán que utilizar sus armas para matarse entre ellos hasta que sólo quede uno, que será considerado ganador y se le permitirá vivir.

3º Habrá zonas de peligro, dispuestas al azar en diversos puntos de la isla y que irán rotando según pase el tiempo. En dichas zonas de peligro, los collares explosivos se detonarán automáticamente.

4º Queda terminantemente prohibido intentar escapar del juego. Se activará el collar explosivo de aquel participante que incumpla esta regla.

5º Si en tres días no hay ganador, se detonarán los collares de todos los participantes que queden con vida.

Ésta obra de ficción es una prueba de lo lejos que somos capaces de llegar. En una sociedad que se deja llevar por las modas dictadas por los medios de comunicación, donde proliferan los reality shows y el fanatismo hacia sus protagonistas, y donde la intromisión en la vida privada de los famosos nos importa más que la educación que nuestros hijos reciban, en definitiva, una sociedad que se desmorona, no resulta ilógico pensar que se apruebe en nuestro país una ley fascista como ésta y que, tarde o temprano, surja un nuevo régimen totalitario.


En cuanto a la película, os diré que gana mucho más viéndola en versión original. El libro no lo he leído, entre otras cosas porque no he podido encontrarlo, pero sé que hay cómics escritos por el propio Koshun Takami.

La mayoría de los actores de la película son adolescentes desconocidos (al menos aquí en España), sin embargo podemos encontrar dos rostros significativos. El primero es el enigmático Takeshi Kitano, actor amante de la violencia, con una extensa filmografía como director, y cuya obra maestra más reciente es Zatoichi, dirigida y protagonizada por él mismo, basada en un cuento oriental sobre un samurai ciego. La otra cara que, imagino, reconoceréis, será la de Chiaki Kuriyama, la joven y letal Gogo Yubari en Kill Bill vol.1 de Quentin Tarantino, quien seguramente la contrató tras ver su trabajo en Battle Royale.

No quiero desvelaros nada del argumento, bastante spoiler os he hecho ya. Sólamente deciros que si os gusta la acción, el suspense, el gore y el antiutopismo os lo vais a pasar de puta madre viendo esta película. Eso sí, procurad no verla con adultos delante.