lunes, agosto 27, 2007

Maldita sea mi suerte

Maldita sea mi suerte. Esa estúpida necia que juega conmigo como le da la gana. Este pasado fin de semana lo ha demostrado, que le importo una mierda, que a mi ángel de la guarda le ha arrancado las alas y se las come fritas con patatas la muy perra. He estado en la ciudad de rodríguez, aunque ha sido por voluntad propia, ya que se está agustísimo cuando tienes la casa para ti solo. Y bueno, como ya estaba de vacaciones, el fin de semana me propuse pasármelo en la playa. Total, quedé con un colega/familiar para ir en autobús el viernes por la mañana. Pero claro, antes tenía que limpiar un poco la casa para que cuando volviera con mi familia estuviera decente. Me demoré bastante, y encima cuando iba por el camino tuve un encuentro ocasional que me tuvo parado un rato y me retrasó aún más. Llegué por los pelos, segundos antes de que el autobús partirera.

Comimos en el chalet de mis abuelos maternos y luego mi familia y yo nos fuimos a la playa de al lado, donde tiene una casa mi abuela paterna. Pero a mis padres se les había olvidado mencionarme un sutil detalle: el sábado por la tarde nos volveríamos a la ciudad. Joder, me lo podían haber dicho antes de coger el autobús, con el coraje que me da hacer viajes para tan poco tiempo. Y para colmo, en cuanto llegamos a la otra playa empezó a llover a mares. Estuvo lloviendo absolutamente todo el tiempo que pasé allí, desde el viernes por la tarde hasta el sábado por la tarde, por lo que no pude disfrutar de la playa.

El sábado, un poco antes de que nos fuérmaos a ir, mi tia fue al aparcamiento a sacar su coche, ya que también se volvía. Cuando ya estamos en el coche dispuestos a girar la rotonda e irnos la vemos con los pies llenos de barro, diciendo que no consigue sacar el coche. Tuvimos que ir a echarle una mano y de paso dejarnos allí nuestros riñones, todo esto lloviendo a mares, por supuesto. El coche estaba en medio de una ciénaga de lodo, ho había forma de sacarlo de allí. Yo sabía que nuestros esfuerzos eran inútiles, pero claro, aún así tenía que tirar para arriba de la parte delantera del coche con todas mis fuerzas. Al final pasó lo que pasó, no conseguimos nada, tuvimos que perder el tiempo en ducharnos y fuimos seis apretujaditos
en el coche de mi padre. Durante el incómodo viaje, mi suerte tuvo el detalle de recordarme un doloroso recuerdo. En Kiss FM pusieron Sad Eyes de Bruce Sprinsteen, esa canción que me pasaste y que escuché todo el día en mi cabeza mientras intentaba convencerme a mí mismo de que lo que no puede ser no puede ser, mientras intentaba olvidarte de ti a golpe alcohol. Y más doloroso me resultó que desaparecieras de esa forma, sin despedirte. ¿Dónde estás?

Bueno, voy a seguir con el tema. Una cosa que me destrozó también fue cuando me di cuenta de que no era la canción original, sino una versión que había cagado el soplapollas de Enrique Iglesias. ¡Compón de una vez y deja de fusilar buenas canciones, coño!

Por fin llegamos a casa y ahora me endosan a mis primos chicos, porque sus padres se van al fútbol. Claro, para eso querían volverse el sábado y no el domingo. Total, me traen a los niños y no sé qué hacer para que se estén quietecitos sin calentarme mucho la cabeza. Mirad que a mí me gustan los niños, pero en ese momento no tenía ganas de nada. Así que que recurrí a un truco que nunca falla para que los niños no den guerra (por lo menos antes de irse a dormir): ponerles una película que les de miedo pero que les guste y no te pidan que la quites. Ya les había puesto La Momia y Parque Jurásico. Eché mano de lo primero que encontré: Hellboy de Guillermo del Toro. Se estuvieron quietos en el sofá durante un rato, pero cuando se acabó la película empezaron a amargarme con que querían que les enseñara videojuegos. Están obsesionados, tienen una PlayStation 2, una Nintendo DS, una Game Boy Advance y desde hace poco un ordenador. Los llevé a mi cuarto y me puse a jugar al Star Wars: Jedi Knight II, ellos se conformaban con mirar. Al cabo de un rato me enganché al juego de los cojones, que ya me he pasado por lo menos cuatro veces. Así que el domingo todo el puto día jugando, tengo que terminarlo cuanto antes para quitarme del vicio. Y hoy lunes de vuelta al puto trabajo, tan monótono como siempre.

Bueno, y para rematar, mientras escribía este artículo mi madre me ha dicho que esta noche podremos ver Marte en el cielo. Aunque eso de que podremos es un decir, porque aquí hay un montón de nubes y no veremos nada. Y por lo visto esto no volverá a pasar hasta dentro de 90 años, así que creo que no veré Marte en mi puta vida.

Tal vez esto sea cosa de aquella vidente de los cojones, no lo sé. Realmente estoy asqueado. Bueno, pues aquí os dejo Sad Eyes, la versión original, para mantener en remojo esa herida y no dejar que cicatrice.

1 comentario:

iReNiNaCh dijo...

Vaya... Pues sí que fue un mal día. Desde luego, tus padres estarían temerosos de que llegaras. xD Con esa suerte...