sábado, abril 28, 2007

La sombra de Dante

A Agustín, quien consiguió liberar su alma, aunque a un alto precio.

Era un día cualquiera cuando un conocido nos ofreció a una muchacha y a mí trabajar para un aquelarre de brujas a cambio de un saco de monedas de oro. Recordé aquella expresión que decía "hay que tener amigos en todas partes, tanto en el Cielo como en el Infierno", de modo que decidí aceptar, sólo por explorar nuevos terrenos. En nuestro primer encuentro con el aquelarre descubrí para mi sorpresa que entre sus miembros también había hombres. Éstos nos involucraron en asuntos de mayor peso, y aunque el cualquier momento éramos libres de abandonar, nuestra curiosidad nos empujaba a seguir adelante. Y la ocasión de conocer en persona al Príncipe de las Tinieblas me aterraba al tiempo que me estimulaba, pues mis intenciones nunca fueron convertirme en su lacayo, sino averiguar, si la tiene, su vulnerabilidad para saber cómo derrotarle.

Debíamos traspasar las puertas del Infierno para que él confiara en nosotros. No fueron fáciles de alcanzar. Tuvimos que atravesar un entramado laberinto lleno de escaleras hacia abajo, y cuando por fin alcanzamos la puerta, debimos superar una prueba.

Pude comprobar que el Infierno no es como lo describen en los libros. No había ninguna advertencia sobre la puerta que dijera "Abandonad los que aquí entráis toda esperanza". Luego nos abrió Cancerbero, perro de dos cabezas y no de tres como comunmente se cree, que siempre estaba junto a la puerta controlando. Nos permitió el paso y proseguimos, encontrándonos con varias brujas a quienes preferimos ignorar. Finalmente nos encontrarnos con alguien a quien pronto no sería muy distintos, alguien que había vendido su alma al Diablo. Bastó una conversación con él para que mis dos compañeros quisieran desistir, y así lo hicieron, aunque la muchacha dijo que volvería cuando estuviera preparada.

Me dejaron sólo con aquel hombre y éste me explicó las reglas del juego del Diablo. En la ciudad de Babilonia iba a celebrarse una gran fiesta a la que acudirían cientos de mortales, nuestro trabajo consistiría en realizar grabados para dar a conocer aquella fiesta por todo el mundo. Otras dos personas habían vendido ya su alma a parte de él, peor hacían falta cuatro. Trabajaríamos seis días de la semana, ya que, al igual que su antagonista, Lucifer descansa el séptimo día. Esperaba tener que firmar un conrtato con mi pripia sangre, pero no fue así, no hubo ningún pergamino.

Cuando nos reunimos los cuatro partimos a Babilonia. Allí por fin pude conocer el persona al Príncipe de las Tinieblas. He de decir que me decepcionó bastante. Me esperaba un ser maléfico pero carismático, con cierta presencia, y en lugar de eso le estreché la mano a un déspota de sonrisa bobalicona. Él había acudido a la fiesta para hacer negocios con los caciques locales. La corrupción, el vicio y la lujuria eran su principal oferta.

Los cuatro nos dividimos en dos grupos para realizar los grabados. La gente reconocía la insignia que llevábamos, la insignia del Infierno, y la relacionaba con la lujuria, cosa que les agradaba. Todos deseaban ser retratados. Algunos nos trataban bien, nos invitaban a descansar un instante y beber de su vino para festejar con ellos la fiesta, pero había otros que tocaban nuestros instrumentos, pretendiendo retratarse a ellos mismos o retratar a sus amigos, o incluso llegaban a atacarnos, afectados por el exceso de sangre de Cristo o de visitas a la Torre de Babel, a la que solían subir sólo para sentir el vértigo recorriendo sus cuerpos. Había cánticos y danzas y alabanzas al sacrificio de animales. Era una fiesta profana.

Cada noche al terminar de trabajar me sentía más y más consumido. Uno de los cuatro, aquel que me inició en el oficio, abandonó el último día y fue sustituido por la muchacha que ya anunció que volvería. Finalmente hemos hecho nuestro trabajo, y en domingo descansaremos. El lunes arreglaremos cuentas con el Diablo, ya que es él quien debe pagarnos con el saco de monedas de oro, y tenemos entendido que su generosidad es más bien nula, por lo que no espero que el saco esté lleno. Sin duda me interesa el oro, pero mucho más que eso me interesa lo que he conseguido con esta experiencia: he visitado el Infierno. Ahora conozo su seguridad, sé cómo introducirme en él e incluso tomar el control y dirigirlo a mi voluntad. Ahora puedo sabotear el Reino de las Tinieblas y acabar con la corrupción y el vicio.

jueves, abril 19, 2007

Beber huevos crudos no es sano

Así es, niños y niñas. Pese a que el púgil más célebre y carismático de la historia del cine, Rocky Balboa, se levanta a las 4 de la mañana, rompe cuatro o cinco huevos, los echa en un vaso y se los bebe como desayuno rápido y completo, mi madre me ha advertido que esa práctica no es para nada sana. Por lo visto, en Saber Vivir han dicho que los huevos cuando están crudos pueden tener bacterias cancerígenas o algo así. Claro que no me lo hubiera advertido si yo no le hubiera dado motivos para ello...

Una noche en la que llegué cansado de clase y todos habían cenado ya, no tenía ganas de ponerme a cocinar, así que empecé a comer de sobras. Con un mendrugo de pan me hice un minibocadillo de salchichón (sólo cabían un par de rodajas y una encima de la otra), me comí las últimas lonchas de jamón de york, que se iban a poner malas, y me terminé el queso fresco. Pero como todo eso me sabía a poco, abrí la nevera y vi el compartimento de los huevos. Pensé "esto tengo que probarlo, si lo hace Rocky...". A diferencia de él yo sólo cogí uno, lo eché en un vaso, lo miré con cara de asco y por último dije con decisión "venga, para adentro". Glub, glub, glub. La parte de la clara me daba un poco de asquillo, me recordó a una vez en la que estaba acatarrado y no paraba de echar pollos por la gargata, por lo que no podía dormir, así que cogí un bote vacío de margarina y me lo puse en la mesilla de noche para no tener que levantarme cada vez que me viniera uno de esos. Bueno, como decía, la clara era como beberse aquel bote lleno de mocos, pero la yema se iba quedando en el fondo ("lo blanco se va, lo amarillo se queda") hasta que al fin bajó por el vaso, se rompió y puede saborearla. Sin dunda eso fue lo que salvó la experiencia, la yema me supo riquísima.

Luego mi madre me preguntó "al final qué has cenado", y le conté aquello. Me puso cara de asco, pero en fin, a mí por ejemplo me da asco que ella se coma las coquinas crudas o que descuartice con sus manos a una gamba para comérsela, y yo no me quejo (bueno, a veces sí).

Pues eso, probadlo si queréis, pero no lo convirtáis en costumbre porque podría ser dañino para vuestra salud. Y os dejo que me está entrando hambre. Hasta otra.


lunes, abril 09, 2007

Un petición de ayuda que me ha llegado por e-mail

¡Hola a todas y a todos! Los trabajadores de Delphi necesitan 1.000.000 de firmas para poder enviar una carta a Zapatero. Son muchas firmas y necesitan el apoyo de todos para la sostenibilidad de sus puestos de trabajo y, por tanto, lo necesitan sus familias. Para ello, el ayuntamiento de Puerto Real ha abierto un sitio en su página web (http://www.aytopuertoreal.es/riim/webmunicipal.nsf?Open) donde podeis encontrar una pestaña, arriba a la derecha, "Apoyo a Delphi", para firmar.

Enviadlo a todos los que podáis, por favor. Gracias.

domingo, abril 08, 2007

Mission: Megalomania

Se acabó la Semana Santa, y como la película que tocaba ver en estas fechas ya la vi un mes antes, he tenido que buscar otra en mi videoteca. De entre todas me decanté por Mission: Impossible 2, para rememorar la particular visión que tenían John Woo y Tom Cruise (quien recordemos es el productor ejecutivo de la cinta, como de casi todo lo que hace) de la Semana Santa de Sevilla, que levantó polémica en el 2000 sobre la ignorancia de Hollywood con respecto al mundo que hay más allá de las fronteras de Estados Unidos. Y bueno, recordando aquella época me he parado a reflexionar sobre esta estrella del cine que, al igual que el rey Jerjes, aspira a la categoría de dios.

Su condición de actor joven guaperas le otorgó en sus inicios papeles de adolescentes en comedias (Risky Business), luego empezó con lo que sería su estilo más confortable, el de héroe (Legend de Ridley Scott, Top Gun de su hermanito Tony Scott) y hasta probó el drama (Cocktail, Rainman), también protagonizó alguna que otra cinta patriótica (Nacido el 4 de julio, Algunos hombre buenos). Por fin en 1994 interpretó a un personaje de mayor complejidad como es el sádico y risueño Lestat en la genial Entrevista con el vampiro, y tal fue su éxito que se pasó dos años sin hacer nada, hasta que Brian De Palma contó con él para interpretar al espía Ethan Hunt en la adaptación de una famosa serie de televisión: Mission: Impossible. Y fue aquí donde el actor, que ya había adquirido bastante popularidad a través de su vida profesional y personal, al casarse con esa mujerona que es Nicole Kidman, empezó a aspirar a algo más que actor guaperas.

Tom se metió en el terreno de la producción y conoció a Paula Wagner, productora ejecutiva, quien a partir de entonces sería su principal socia. La película, hay que reconocerlo, estaba de fábula. Espionaje, traiciones y escenas de acción imposibles. El hombre le vería salida a esto y no perdió el contacto con Wagner, incluso crearon una productora, Cruise/Wagner. En el mismo año protagonizó la peli esa de "enseñame la pasta", que también le posibilitó estar otros dos años sin hacer nada. En 1998 produjo el drama deportivo Sin límites y al año siguiente tuvo el honor de trabajar en la última película del mítico Stanley Kubrick, Eyes Wide Shut. Con esa y Magnolia Tom ya juntó lo suficiente para poder hacer lo que le diera la gana. ¿Y qué es lo que tenía ganas de hacer? Pues no fue otra cosa que una secuela de Mission: Impossible, esta vez dirigida por el especializado en cine de acción John Woo. Y como no podía ser de otra manera, se trata de una película para el lucimiento del actor (no hay más que ver el cartel, un primer plano suyo en pose de acción). El tio se pasea con la moto haciendo explotar coches a balazos, saltando por encima de berjas, descolándose por uno de los lados para deslizarse por el asfalto con las suelas de sus zapatos, e incluso se detiene durante medio minuto y es capaz de manternerse en equilibrio sin apoyarse en el suelo ni poner una pata de cabra. También hace trompos con un coche, escala una montaña sin equipos de seguridad (o eso dicen) salta desde un helicóptero con una cuerda para colarse por una rendija y se carga a siete tios de un disparo. Además, podemos ver la impagable escena de la Semana Santa de Sevilla celbrada por mexicanos cantando "viva la Virgen del Carmen" mientras hacen hogueras en plan fallas de Valencia. Y no sólo ponen en la película algo que es mentira, sino que encima Anthony Hopkins se queja de las costumbres de los sevillanos.


Pero bueno, aún así la película fue uno de los mayores éxitos del verano del 2000, incluso en España. De hecho yo fui uno de los tontolabas que fueron a verla al cine de verano. Después de aquello Tom produjo Los Otros de Alejandro Amenabar, protagonizada por su hasta entonces esposa, ya que poco después se divorciarían por un asunto de acuerdos prematrimoniales (está claro que el dinero siempre gana por encima de todo lo demás), y protagonizaría a la par que produciría un remake hollywoodiense de otro film de Amenabar, Abre los ojos, con el título de Vanilla Sky (cielo de vainilla). Quizá por intereses artísticos o quizá por capricho, decidió contar con nuestra Penélope Cruz, quien ya había trabajado en la versión española, para el remake, y qué casualidad que acabó teniendo un lio con esta mujer. Es en Vanilla Sky cuando la megalomania empieza a dejarse ver. Traspasa su condición de soltero codiciado a la película, en la que interpreta a un "joven" inmaduro con mucha pasta. Casualidades de la vida, al final acabó liándose con Penélope, y creo recordar que estuvieron juntos un par de años.

En el 2002 trabajó con el gran Steven Spielberg en Minority Report, en la que volvía a su ya encasillado papel de héroe de acción, y también hizo una breve aparición en Austin Powers: Miembro de Oro. Cortó con Penélope y decidió salir del armario y confesar que, al igual que otros lunáticos de Hollywood como John Travolta, había abrazado la fe de la cienciología. En fin, cada cual tiene sus creencias, pero adoptar como religión una colección de relatos de ciencia-ficción que han salido de la mente de un autor, me parece un poco... ¿absurdo? Entre todo esto y los rumores sobre su inclinación (no puedo decir esa palabra que empieza por G, ya que tendría que indemnizar a este tío con varios miles de dólares) Cruise empezaba a perder popularidad, así que durante tres años consecutivos nuestro cuarentón dejó de fingir que tenía 10 años menos e intentó mostrar su lado más maduro. Protagonizó / produjo El último Samurai, que estaba bastante bien, aunque conozco japoneses a los que no les gustó; Collateral, un thriller bastante digno de Michael Mann, en el que volvía a interpretar a un villano, papel que no retomaba desde Entrevista con el vampiro (la cual parece ser que la gente ha olvidado, ya que todo el mundo decía "por primera vez Tom Cruise hace de malo"); y La guerra de los mundos, otra vez con Spielberg, donde hace de padre de familia. Pero volvimos otra vez al status de soltero codiciado, y en el rodaje de un telefime conoció a la guapísima Katie Holmes (si este tío es G desde luego lo disimula muy bien). Algunos hablaban de que su matrimonio era una farsa para hacer publicidad de La guerra de los mundos y Batman Begins, así que para desmentir los rumores tuvieron una hija, y los rumores volvieron a atacar, diciendo que tras el parto Tom se comió la placenta como ritual de la cienciología. Realmente me da igual si es verdad o no, a mí eso ni me va ni me viene; estaría rica, digo yo.

Y esto de casarse con una chica a la que le lleva por lo menos 15 años rejuveneció a nuestro cuarentón, que volvió a las andadas con la tercera entrega de Mission: Impossible. Nos ofreció una película que comparada con la segunda parte es más bien floja, y comparada con la primera es un mierdón como un castillo. Mission: Impossible 3 es un desesperado intento de Tom no por convencernos a nosotros de que sigue siendo jóven, sino a sí mismo. El dolor que este hombre está sufriendo debe ser como el que siente Sara Montiel, al ver que no puede detener con sus manos las arenas del tiempo. Pero bueno, el tío está embilletado, puede hacer lo que le da la gana. Puede incluso a evitar que emitieran un capítulo de South Park en el que intentan hacerle confesar que es de la otra acera, puede incluso demandarme por insinuarlo en estas líneas. Yo personalmente creo que le presta demasiada atención al asunto y que, cuando el río suena, agua lleva...