jueves, julio 10, 2008

That pink bastard


El pasado domingo me disponía a ir a ver el remake de Funny Games. Mi intención era, habiendo visto la película original, prestar atención a las reacciones del público que la desconociera. Pero en el último momento me arrepentí de gastar mi dinero en la entrada para una película que prácticamente ya he visto, y decidí destinar ese dinero a ver Los Cronocrímenes, el primer largometraje de Nacho Vigalondo, quien ya ha demostrado tener talento y originalidad como guionista en cortos como El Tren De La Bruja de Koldo Serra (del cual yo mismo interpreté a uno de sus personajes en una modesta adaptación teatral en la escuela de imagen y sonido) o como director en el sencillo pero sorprendente 7:35 De La Mañana.

Los Cronocrímenes, como cabía esperar viniendo de quien viene, es un trabajo entretenido y original que consigue dejar buen sabor de boca. La película cuenta las peripecias de Héctor (
Karra Elejalde), un pureta felízmente casado aunque algo voyeur, el cual, huyendo de un extraño tipo con vendas rosas que le ataca con unas tijeras, acaba metiéndose en una máquina del tiempo y viajando una hora al pasado. Pese a que el argumento resulta de lo más inusual en el cine español, la película no se libra de algunos de sus tópicos, como el clásico par de mameyas o el tono de humor. No obstante, eso la hace aún más especial: es cine español, pero hecho con calidad. Tiene giros argumentales sorprendentes y, aunque el ritmo decae un poco en la tercera parte del metraje, su desenlace es demoledor. Además de esto, se aprecian guiños al cine favorito de Vigalondo. No podemos evitar recordar, por ejemplo, las explicaciones de Doc sobre los viajes en el tiempo en la trilogía de Regreso Al Futuro o el característico suspense de Hitchcock.

El trabajo del escaso reparto dista mucho de ser memorable, pero resulta efectivo. El propio Nacho Vigalondo, que ya ha trabajado de actor en sus cortometrajes, se guarda aquí el papel de "Doc", aunque los papeles están intercambiados, siendo el científico el jóven y el que viaja al pasado el maduro.
Elejalde hace un papel que puede recordar al que tuvo en Airbag hace ya una década: un hombre simple y patoso capaz de sacar agallas en situaciones desesperadas. La música de Eugenio Mira, al igual que la película está hecha a la antigua, repleta de guiños al pasado, y al igual que el reparto, no destaca especialmente aunque no por ello podamos decir que no sea correcta.

Es admirable que una película que cuenta con unos medios tan modestos, sin efectos especiales, resulte tan interesante e innovadora en el cine español, demostrando que se equivocan los que dicen que el problema de nuestro país es la falta de dinero destinado al séptimo arte. Por otra parte, es triste que propuestas como estas no reciban el apoyo que merecen. No he visto nada sobre ella en televisión y se ha proyectado en poquísimas salas. De hecho, en mi ciudad sólo estaba en una. Parece que las comedias banales que no tienen argumento, sino situaciones que divierten a espectadores sin muchas luces, tienen más peso en el cine español que algo nuevo que haga pensar un poquito.


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