A lo largo de mi juventud he tenido muchos modelos a seguir: Marty McFly, Indiana Jones, Bitelchus... Pero ninguno como este Guillem Caballé. Y es que este hombre era un incomprendido, un tio grande en una sociedad demasiado simplona.Allá por el 2000 el programa de Los 40 Principa
Bueno, a lo que iba. El progr
ama de Rockola 40 era un descojone gracias a Guillem. Cuando las peticiones de los televidentes no le gustaban, lo decía y punto, para eso estaba él presentando ahí los absurdos videos que quería la gente. Tampoco es que tuviera el papel de malo que todo lo critica; cuando encontraba una petición buena entre tanta morralla lo agradecía abiértamente (le chiflaban los videos de Kylie Minogue no por su música, sino porque sentía por ella la misma debilidad que yo por Vanessa). Debido a esta sinceridad bastante inusual en los presentadores de programas de música, los fans de Ricky Martin y demás floreros de niñatas hicieron varios chistes a costa de su calvicie. Como no podían competir con el ingenio de Guillem, tiraban para lo fácil.Lo importante de éste hombre es el mensaje que trasmitía a las juventides españolas afectadas por La Bomba de King Africa: comercial no es sinónimo de calidad. Si todos siguiéramos su ejemplo, si dijéramos no a ese tipo de canciones tan absurdas que sólo hablan de sí mismas, del éxito que tienen y de cómo hay que bailarlas, el mundo sería un lugar mejor.

He olvidado también mencinar que Guillem presentó el programa de radio En Tu Casa O En La Mía con la gran Lorena Berdún, un programa que fue bastante importante en mi adolescencia. Con él aprendí los valores del amor y la libetad sexual.
Pues eso, que este tío es grande. Guillem, estés donde estés, esta dedicatoria es para ti. Una muestra de buen gusto para mis lectores: The Test de los Chemical Brothers.


