jueves, junio 26, 2008

Golpéame lo más fuerte que puedas


Con el regreso de Edward Norton en El Increíble Hulk, la semana pasada me entraron ganas de volver a ver El Club de la Lucha, la cuarta película de David Fincher, basada en la novela homónima de Chuck Palahniuk. La descubrí cuando tenía 16 años, una noche de verano como esta, cuando, después de un año detrás de ella, por fin pude alquilarla en VHS. Al instante se convirtió en mi película favorita, y me inspiró para un relato corto al que empecé a darle vueltas esa misma noche y que empecé a escribir al día siguiente.

El Club de la Lucha es una película que no deja indiferente a nadie. Fue muy criticada en su día por varias razones. La principal: que no la entendieron. Su ácido mensaje, su crítica a la sociedad moderna, no es algo que solamos ver en muchas producciones de Hollywood, y no suele ser bien asimilada por cerebros simples. Y meter como uno de los actores principales al guaperas Brad Pitt, lejos de restarle nivel a la obra, yo lo considero un acierto, ya que de esta forma el mensaje llegará a un mayor número de gente: esas quinceañeras descerebradas cuyo único propósito era ver a su ídolo de ojos azules con el torso al descubierto, sudoroso y peleando, y que acabaron escuchando la confesión anónima de un joven esclavo oficinista y su revolución particular.

El narrador de la historia, interpretado por Edward Norton, decide acudir a grupos de ayuda para personas con enfermedades terminales haciéndose pasar por un enfermo más, con el fin de aliviar su insomnio. Abrazarse a otros y llorar hace que por fin pueda conciliar el sueño. Sin embargo, aparece una impostora como él, Marla Singer (Helena Bonham Carter), y de nuevo vuelve a caer en el insomnio. En uno de sus viajes de negocios coincide en el avión con Tyler Durden (Brad Pitt), un tipo bastante singular que acaba por convertirse en su mejor amigo. Al volver a casa, el narrador descubre que su apartamento y todas sus posesiones materiales han volado por los aires al haberse dejado la llave del gas abierta, por lo que acaba yéndose a vivir con Tyler en una ruina de casa. Éste le expone su peculiar ideología (a veces contradictoria, todo hay que decirlo), y ambos forman un club secreto en el que cada noche, en el sótano de un bar, hay peleas entre hombres no con el fin de ganar o perder, sino el de desahogarse de la angustiante rutina y de las promesas incumplidas de la vida.

Sin embargo, las pelas no son tan relevantes en la trama como lo que puede parecer en un principio. De hecho, es lo de menos. Lo principal en la historia es la relación del narrador con Tyler, la relación de Tyler con Marla, y la situación del narrador como intermediario entre ellos. Todo esto, los demoledores discursos de Tyler y el apocalipsis mental del final hacen que el guión de Jim Uhls resulte casi tan brillante como la novela de
Palahniuk, sobre la cual se toma algunas licencias, aunque no demasiadas. Las principales diferencias respecto a la obra original están en el orden de algunos sucesos, la sustitución del nombre Joe por Jack (en referencia a la serie Jack y Jill), la inevitable supresión de algunos pasajes así como de otro emblemático personaje, el mecánico (cuyos discursos sobre Dios fueron puestos en boca de Tyler Durden para que no perder su esencia), y un desenlace más breve. No obstante, el guión conserva muy bien el espíritu de la novela.

Técnicamente la película también resulta innovadora. David Fincher imprime un tratamiento visual bastante imaginativo (como pudimos ver en la irregular Zodiac), una atmósfera escabrosa a la par que colorista, y un montaje muy dinámico. Es la única película que ha utilizado el tiempo-bala en una escena de sexo, lo que hace que ésta, lejos de parecer gratuita, resulte atractiva cinematográficamente. La electrónica banda sonora está compuesta e interpretada por el dúo The Dust Brothers (Michael Simpson y John King), un trabajo igual de ácido que la película.

Del reparto, lo único que puedo decir es que están todos estupendos. Norton cumple a la perfección su papel de hombre simple y cabreado al mismo tiempo. Helena BonhamCarter consigue hacer creíble su desalentada fumadora empedernida. El irónico y chulesco Tyler Durden es sin duda el papel más interesante de Brad Pitt en toda su carrera. Como secundarios encontramos al cantante de rock Meat Loaf que al haberse curtido también como actor durante años no hace un mal trabajo, y otro guaperas para las niñas, Jared Leto cuyo papel no da para mucho aunque también cumple.

En definitiva, El Club de la Lucha es una película original, sorprendente, divertida y, sobre todo, polémica. Si vives acomodado en tu estabilidad profesional, te preocupa la moda, eres conservador, cristiano, consumista y defensor de los valores familiares, ni te atrevas a contemplarla.

Os dejo un vídeo de la película que monté para un amigo que tenía que exponer un trabajo de clase sobre los mensajes subliminales. Es una buena muestra de lo ácida que puede llegar a ser.


domingo, junio 22, 2008

Hulk contra la masa

Anoche fui a ver El Increíble Hulk y se confirmaron mis temores: se han cargado la que para mí es una de las mejores adaptaciones de Marvel a la gran pantalla sólo por darle al público lo que pide.

Hulk (2003) del curioso director Ang Lee fue una buena película por desgracia infravalorada. No caía en el infantilismo y la acción gratuita como Daredevil o Los Cuatro Fantásticos, sino que prestaba más atención a los personajes y sus relaciones, y contaba el conflicto de un hombre consigo mismo y con sus raíces. Contaba con un buen reparto encabezado por Eric Bana (Munich), Jennifer Connelly (Réquiem Por Un Sueño), Nick Nolte (El Cabo del Miedo),Sam Elliott (El Gran Lebowski) y Josh Lucas (American Psycho). La banda sonora estaba a cargo del gran Danny Elfman, quien como de costumbre hizo un gran trabajo, incluso tuvo la osadía de en acompañar las imágenes de helicópteros militares sobrevolando el desierto con cánticos árabes plena guerra de Irak.
El diseño de la criat
ura era realmente bueno, tenía profundidad, no parecía una mera animación digital pegada sobre la imagen. La acción tardaba en asomar, pero cuando llegaba su momento no daba un respiro. Cuando veías a la mole verde luchar en el desierto contra las fuerzas armadas suplicabas que hiciera cosas cada vez más bestiales, y así sucedía, por lo que no me decepcionó en absoluto. Pese a todo, la visión de Hulk de Ang Lee causó el descontento del público mayoritario, el cual esperaba algo más en la línea de Spiderman y no del épico Superman de Richard Donner.

Debido a esto, los productores se propusieron dar un "lavado de cara" al héroe verde y ajustarse a las exigencias del público. El resultado os lo podéis imaginar: una película para recrearse la vista y no el intelecto. Lo primero que hicieron, por supuesto, fue prescindir del taiwanés Ang Lee, y en su lugar contrataron a francés Louis Leterrier
, responsable de aquella "obra maestra" que fue Transporter 2.

Así nació El Increíble Hulk (2008), una pseudosecuela que corta por completo con su anterior entrega. Pero no por ello es más fiel al cómic original, sino que parece un remake de la serie de televisión. El reparto se ha cambiado por completo, el único actor que repite papel es Lou Ferrigno, quien interpretó a Hulk en la serie, y que en ambas películas hace un cameo como guardia de seguridad musculoso. Ferringo además, interpreta la voz de la criatura en los pocos momentos en los que habla, cualidad que no tenía en la anterior. Y no es la única licencia que se toma esta nueva versión, sino que también en el prólogo muestra un origen distinto de Hulk: Bruce Banner no fue irradiado por rayos gamma accidentalmente para salvarle la vida a un compañero, sino que lo hizo voluntariamente experimentando consigo mismo, como en la serie de televisión.

Esta vez el Dr. Banner es interpretado por Edward Norton (El Club de la Luch
a), de quien dicen las malas lenguas que aceptó trabajar en el proyecto sólo después de que le dejaran reescribir el guión, además de que intervino en el montaje final de la película. Norton, he de reconocerlo, hace un mejor trabajo que Eric Bana, pero tampoco lo da todo, y en ocasiones lo veo casi desganado. Lo mismo parece suceder con William Hurt, quien sustituye a Sam Elliott como el General Ross, personaje por cierto que en esta entrega se ve más ambicioso y antipático, pareciendo una mezcla de sí mismo y Talbot, el personaje de Josh Lucas en la anterior. La peor parada es Liv Tyler (El Señor de los Anillos), a la que en comparación Jennifer Connelly se come con patatas como la Dra. Betty Ross. Completa el reparto el gran Tim Roth (Reservoir Dogs) como Abominación, y que, al igual que Hurt, no hace un mal trabajo pero tampoco parece estar en su mejor momento.

Y como ya he dicho, la trama queda como algo secundario en pro de la acción palomitera. Tal es el caso, que cuando Bruce regresa de Sudamérica a Estados Unidos se encuentra con que Betty ha rehecho su vida y está saliendo con un psicólogo interpretado por Ty Burrell (el capullo d
e Steve en Amanecer de los Muertos), pero cuando ambos se reencuentran, el psicólogo deja de existir sin que Betty arregle las cosas con él antes de volver con Bruce, no se vuelve a saber de él. Supongo que una escena que de humanidad a los personajes no es necesaria, es más importante mostrar a Hulk destrozando camiones acorazados. En esta entrega la violencia ha aumentado considerablemente, y mientras en la primera la diversión radicaba en que el héroe verde hacía uso de su fuerza bruta sin matar a nadie, en ésta vemos cómo hace explotar tanques y helicópteros, así como pegar unas sacudidas a los soldados que seguramente los dejarán paralíticos si no los matan. El final deja bastante claro que habrá una tercera entrega, incluso sabemos ya quién será el villano.

Parece que la cosa va a seguir en la misma línea mucho tiempo.
En general resulta entretenida, sí, pero no hay color (verde en este caso) si la comparamos con la de Ang Lee. Podríamos decir que El Increíble Hulk es a la saga lo que Superman II de Richard Lester fue a la del hijo de Krypton. Es lo que el público quiere, no lo que un director quiere ofrecer.

sábado, junio 14, 2008

Exceso de disciplina


Hace pocos días, mientras comía vi el capítulo de Los Simpson en el que Homer y sus amigos forman un equipo de bolos al que se une el caprichoso Sr. Burns. En ese mismo capítulo, hay una historia secundaria protagonizada por Bart y Lisa. Bart lleva a clase una camiseta en la que pone “Abajo con los deberes”, la cual desata una revuelta escolar. Para evitar que se repitan sucesos como estos, los profesores deciden obligar a los niños a llevar un uniforme gris. La disciplina derrote el espíritu de los chavales, los cuales pronto empiezan a desfilar e incluso pestañear al unísono, y a experimentar una notoria alienación. El condicionamiento es tal que cuando la Srta. Carapapper se agacha a coger algo dejando el culo ante las narices de Bart y su emblemático tirachinas, éste siente que solía hacer algo en sus tiempos de libertad, pero no consigue recordar qué.

¿Y por qué os cuento este capítulo que hemos visto todos? Porque hoy vamos a hablar de la alienación escolar y el exceso de disciplina. Ya comentamos en su día los problemas de la desmotivación en las aulas, y que era un fallo tanto de los alumnos como de los profesores. Para contrarrestar el fracaso escolar, la ficción, y sobre todo la ciencia-ficción, nos ha propuesto varias opciones bastante distópicas, aunque inspiradas en última instancia en la realidad, en aquella ley de “La letra con sangre entra”, y en el temor de los niños a sus profesores del mismo modo en que los adultos temían la represión política.

Tal vez la “solución final” más brutal de todas es la que se expone en Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000). En un futuro próximo, el paro y la delincuencia asolan Japón. En las aulas, los alumnos se revelan contra sus profesores. Los adultos empiezan a ver a los jóvenes como una amenaza y aprueban la Ley BR, que consiste en elegir al azar una clase de un colegio o instituto, llevar a todos los alumnos a una isla, entregarles armas y obligarles a matarse entre ellos hasta que sólo quede uno. Evidentemente, los métodos del nazismo están muy presentes en esta horripilante visión de futuro.

Una medida algo menos macabra (aunque no demasiado) es la que toma el orientador del instituto en Comportamiento Perturbado (David Nutre, 1998), el cual implanta un chip en el cerebro de los alumnos y los condiciona para convertirlos en una mezcla de empollones y pijos, y así crear una generación de jóvenes que levante el país. No es más que un thriller adolescente del montón, con actores jóvenes hoy conocidos, como James Mardsen (Superman Returns), Nick Salth (In The Bedroom) y Katie Colmes (Batman Begins). Sin embargo, en esta película podemos ver una metáfora sobre los grupos de elite y sociedades secretas que pueden controlar un país sin que lo sepamos.

Pero la visión más espeluznante de todas es la que vi en Derecho Común, un capítulo de la segunda temporada de Más Allá Del Límite. En él, Ryan Phillipe (Conspiración En La Red) interpreta a un adolescente que es enviado por su madre a un centro de reeducación para alejarlo de su chica, su grupo de rock y todas esas “malas influencias”. El centro, más bien prisión, es una empresa privada, que resulta no sólo dedicarse a “corregir” a los jóvenes, también los condiciona mediante implantes como en Comportamiento Perturbado. Pero su labor no termina cuando han lobotomizado a los chicos, sino que los entrenan para convertirlos en asesinos profesionales dispuestos a obedecer órdenes ciegamente. Este capítulo lo vi con 14 años y me impactó mucho, era muy asfixiante, y ahora, casi una década después, no deja de sorprenderme. Las similitudes entre Derecho Común y la pesadilla de las WWASPs son alarmantes, y eso que en la época en que se rodó el capítulo no existían estos centros.

Para el que no esté familiarizado con las WWASPs (seguramente la mayoría, ya que es algo bastante secreto), son centros de reeducación de empresas privadas de Estados Unidos, la mayoría vinculadas al gobierno republicano, que ofrecen a los padres una modificación de conducta para sus hijos, a cambio de grandes sumas de dinero. Evidentemente no recurren a implantes biónicos, pero su principal arma es la humillación y el maltrato físico, e incluso se ha hablado de abusos sexuales. En los pocos artículos que hablan objetivamente sobre estos centros, se describe su situación como la de un “Guantánamo escolar”.

Nuevamente, la realidad supera a la ficción, y hay cosas difíciles de creer pero ciertas. Los padres que envían a sus hijos a centros de estos supongo que serán conscientes que el sacrificio que hacen no es sólo económico, sino también afectivo. ¿Cómo creéis que volverán a casa esos chavales? Tal vez se porten bien, pero, renegarán totalmente de sus progenitores, eso si no han quedado atontados de por vida. A mí de nada me serviría la excusa de “lo hemos hecho por tu bien”.

Al igual que en las dictaduras, la represión y el autoritarismo son síntomas de inseguridad. No podemos dejar que los chavales hagan todo lo que se les venga en gana, pero tampoco es bueno programarlos como máquinas, porque se volverán dependientes y no moverán un dedo a no ser que se lo ordenen. El ser humano tiene la capacidad de aprender, reflexionar y expandirse. Si se empeñan en cuadricular las mentes de los niños, ¿qué futuro nos espera?


lunes, junio 09, 2008

¡Me mata este anuncio!



No soy chica y no sé lo que es tener la menstruación, pero no creo que se parezca en nada esto. Y lo peor de todo es que, como la letra de la canción es tremendamente fácil de memorizar (mis elogios al compositor), se te clava en el cerebro cual espina. ¿Por qué los anuncios de compresas son siempre tan malos?

sábado, junio 07, 2008

Poesía, Jandeforo y la niña Medeiros


Ayer parece que fue el día oficial de conocer gente de internet en persona. Y no fue ninguna quedada de blogueros, pero casi. Me surgieron dos planes consecutivos que hicieron de ayer un viernes bastante completito.

Primero acudí invitado por Saray a un recital de poesía en la biblioteca de Infanta Elena. Llegué a su hora, pero vuestro Sephiroth es un caso y no se le ocurrió que la sala de actos de la biblioteca estuviera en una sección distinta a la zona de libros para no molestar a los estudiantes y/o lectores. Como consecuencia, me perdí el primer cuarto de hora.

Pese a que ya sabéis que no tengo mucha idea de poesía, el recital fue bastante ameno. Se respiraba un ambiente de inspiración y sentimientos muy agradable. Cuando terminó, tras aplausos y elogios, Saray y yo nos presentamos con algo de corte y hablamos un poco. Pero no pude quedarme mucho tiempo porque tenía que volver al barrio para el segundo plan del día.

Hace unos meses, una amiga, vulttture, me recomendó que entrara en el foro de su novio porque él y sus amigos tenían aficiones afines a las mías, aunque cuando lo hice descubrí que de lo que más se habla allí es de videojuegos. No obstante, tenían una sección de cine, y en ella puse un enlace a la crítica de [REC] que había escrito en el blog por aquella época. Cuando la leyó, Ruluque, el novio de vulttture, dijo que tal vez le gustaría ir a verla, y como a mí me había gustado mucho, le contesté que no me importaría repetir la experiencia, así que quedamos con dos amigos suyos. vulttture no venía porque es bastante miedosa (lo pasó mal hasta con Harry Potter).

Total, quedamos un domingo por la mañana. Yo fui con mi hermana, un amigo que también quería ver la película y una chica que ahora es su novia. Pero como ya os he dicho, vuestro Sephiroth es un caso. Estamos esperando a Ruluque y su gente y nos extraña que no aparezcan. Se nos hace tarde y decidimos ir comprando nuestras entradas. Cuando ya están compradas, vulttture me llama y me dice que su novio no nos ve, que en qué cine estamos. Resulta que habíamos quedado en Nervión Plaza, pero yo me equivoqué y les dije Plaza de Armas, así que los mandé como a la otra punta de la ciudad y encima a un cine en el que no había sesión matinal, por lo que los chavales tuvieron que volverse a casa después del largo paseo sin haber visto la película.

Para intentar disculparme, les prometí que los invitaría a ver la película en mi casa cuando la adquirirera en DVD, en mi pantalla LCD de 42 pulgadas y sonido DTS. Aceptaron las disculpas y ayer invadieron mi salón los mencionados Ruluque y vulttture junto con D0m1n, vincent_mcloud, poxolate_lovers, Shamus y Varaman. Vimos la película, aunque vulttture y Varaman prefirieron jugar con la Nintendo DS, y luego nos fuimos a cenar. La Tarantela, que era donde habíamos pensado ir, estaba hasta los botes, así que fuimos al Papasá. Luego fuimos a un bar del centro a tomarnos unas birras, Ruluque se empeñó en invitarme a una (y no me vino mal, porque andaba escaso de efectivo). Como buenos aficionados a los videojuegos que eran todos intentaron por turno persuadirme para que me comprara una Xbox.

Así que en definitiva, un día de buen rollo con clavel incluido. Espero que ambos planes se repitan, aunque a ser posible no en el mismo día.

miércoles, junio 04, 2008

El mito de las charcas resplandecientes


A menudo tenemos sueños disparatados, inútiles, que sólo sirven para ser contados entre risas y olvidados. Otras veces son muy reales, y nos hacen vivir experiencias aceleradas o angustiantes. Y algunas veces, puede que una o dos en toda nuestra vida, soñamos verdaderas revelaciones. Muy posiblemente son de estos sueños de los que proceden muchas de las religiones y mitologías que conocemos.

Una vez tuve un sueño de este tipo. Y no soy quién para compararme con Sócrates, pero creo que mi revelación ha sido un mito filosófico bastante bonito, que ahora quiero compartir con vosotros.

Bajo tierra, demasiado profundo para que el hombre pueda llegar, hay cuevas con charcas resplandecientes, tantas como cualidades humanas existen. De estas charcas nacen las almas, y dependiendo de cual sea, desarrollarán una cualidad u otra. Si algún día un hombre llegara a beber de alguna charca resplandeciente, podría ver el futuro. Tal vez por eso, cuando las almas se materializan lo hacen en la forma que tendrían sus cuerpos en la juventud, aunque en menores dimensiones, llegando a los vivos a la altura de las rodillas.

Cada día hay almas nuevas que se materializan en las charcas resplandecientes. Su objetivo es salir a la superficie sin ser vistos y buscar sus cuerpos para poblarlos. Es una tarea que no todos consiguen, pues para unos seres tan pequeños es toda una odisea enfrentarse al mundo exterior y sortear sus numerosos obstáculos. Pero es una prueba que toda alma debe superar no en solitario, sino en equipo. Cuando coinciden dos grupos de almas, generalmente suelen ayudarse mutuamente. Al final, el grupo deberá dividirse para que cada uno ocupe su cuerpo. Deben hacerlo pronto, pues un cuerpo puede nacer sin alma, pero si ésta se demora demasiado tiempo puede llegar a morir.

Después del gran viaje, la despedida será un momento duro, pues las almas que nacen de una misma charca resplandeciente son almas gemelas, y no saben si en la vida volverán a encontrarse. Ese deseo de reunirse con algún alma gemela perdurará durante toda su vida, aunque con el desarrollo del cuerpo adquirirá un nuevo matiz: el sexual. Una vez alcanzado este objetivo, experimentarán el amor verdadero. Al igual que el viaje es el reto de las almas, éste es el reto de la vida.

Así que si buscas un alma gemela no te preocupes, hay muchas por ahí, tarde o temprano te cruzarás con alguna. Y mientras tanto, puedes conocer almas amigas, de grupos con los que una vez os ayudásteis, y con las que puedes llevarte muy bien.


lunes, junio 02, 2008

No dejes que entre


Sé que los post de críticas de cine están siendo más habituales que de costumbre, pero no puedo evitar hablaros de una película que he visto este fin de semana: La Niebla (The Mist), adaptación del relato corto del maestro del terror Stephen King. Ojo, no confundidla con el clásico de John Carpenter La Niebla (The Fog) ni con su innecesario remake de 2005 Terror en la Niebla. Escribe y dirige Frank Darabont, quien ya demostró maña adaptando obras del autor con Cadena Perpetua y La Milla Verde.

Una tormenta eléctrica azota el pequeño pueblo de Maine. Al día siguiente, David y su mujer comprueban los desperfectos. Éste, su hijo y su vecino, con el cual no se lleva muy bien aunque ambos hacen un esfuerzo, van al super
mercado a comprar herramientas. Una vez dentro, una espesa niebla cubre todo el pueblo dejándolos incomunicados a todos los que se encuentran en el establecimiento. A través de los cristales ven correr a un vecino aterrado que entra y advierte a todo el mundo que no salgan. En la niebla hay algo peligroso. A partir de entonces, el miedo y la incertidumbre empezarán a apoderarse de los habitantes de ese refugio improvisado, produciéndose alianzas y conflictos entre ellos.

En ocasiones puede recordar a Amanecer de los Muertos, Silent Hill, Aliens: El Regreso e incluso el videojuego Half-Life, así que como imaginaréis, el entretenimiento está asegurado (siempre que te guste el terror, por supu
esto). Sin embargo, lo que hace que esta película resulte tan interesante no son los bichos peligrosos, sino el desarrollo de los personajes. Es una historia de estas de microsociedades aisladas, como El Señor de las Moscas, en las que aflora la verdadera conducta humana, llegando a la estremecedora conclusión de que las verdaderas tinieblas no están en el exterior, sino en nuestros propios corazones. Es una reflexión sobre cómo puede usarse el miedo (y de hecho se usa) para hacerse con el poder. Como reza el cartel de la película, el miedo lo cambia todo.

La complejidad del film no sólo reside en el guión (puede que algún día se la considere un clásico como Zombie de George A. Romero), sino tam
bién en la técnica. En un principio, Darabont concibió la película para que fuera en blanco y negro, pero a última hora los productores ejecutivos (los omnipresentes hermanos Wenstein) le presionaron para que el montaje final fuera en color, de ahí que la fotografía de Ronn Schmidt tampoco sea una maravilla. Al mismo tiempo, se le ha querido dar un toque documental, con usos de steadycams y zooms, con el fin de conseguir más cercanía con el espectador. No obstante, tampoco se trata de una realización televisiva como [REC], el uso de estos recursos es sólo puntual. La banda sonora corre a cargo de Mark Isham; no destaca especialmente, aunque consigue dar fuerza al tramo final de la película usando de base el tema The Host Of Seraphim del dúo Dead Can Dace formado por Brendan Perry y la excepcional vocalista Lisa Gerrard (banda sonora de Gladiator).

El reparto está encabezado por Thomas Jane (The Punisher), de quien no me esperaba gran cosa, pero no hace un mal trabajo. También destacan Laurie Holden (Silent Hill), Andre Braugher (Frecuency),
Jeffrey DeMunn (La Tormenta del Siglo, también de Stephen King), William Sadler (la serie Más Allá del Límite), y la oscarizada Marcia Gay Harden (Mystic River), quien según uno de los amigos con los que fui a ver la película, hace el papel de su vida, pues consigue que la odies a muerte. Nathan Gamble, el hijo del protagonista (al que pronto veremos en Batman: El Caballero Oscuro), no hace gran cosa, es el típico niño asustado, algo bastante verosímil pero infructuoso cinematográficamente hablando.

En definitiva, L
a Niebla no es una película redonda pero se lleva un notable alto, con un tremendo desenlace del cual el propio Stephen King ha declarado que es mejor que el de su obra. No quiero desvelaros más, hay que verla.