martes, mayo 26, 2009

Allanamiento de Morada. Basado en 1.749.358 casos reales (sólo en nuestro país)


¿Quién no recuerda a los sonrientes y joviales vendedores de enciclopedias? Esos personajillos que llamaban a tu puerta, y que siempre procurabas esquivar haciendo como que no estabas. No obstante, siempre hubo alguna vez en la que se te olvidó mirar por la mirilla antes de abrir, y, ¡sorpresa!, te había tocado un maravilloso lote con un montón de productos... y una enciclopedia de la cual sólo tenías que pagar la mitad de la mitad.

No nos engañemos, las enciclopedias en su época, cuando España no tenía Internet, eran unas utilísimas fuentes de de conocimientos, lo que pasa es que la forma de presentárnoslas casi siempre nos tiraba para atrás. Su venta de puerta en puerta fue una práctica muy habitual durante los 90, pero cuando España se internetizó, los tomos dejaron de ser tan útiles frente a las ventajas de la información en la red, la cual no se queda obsoleta, no requiere la tala de árboles y no corre el peligro de desaparecer pasto de las llamas. Eso sí, un apagón tipo 2013: Rescate en Los Ángeles, y la humanidad regresa a una Edad Media no sólo tecnológica sino también cultural.

Creía, pues, que los vendedores de enciclopedias eran una raza extinta, hacía muchísimo que no sabía nada de ellos. Pero hace poco, mi abuela y mi tía han sido atacadas por estos seres. Les llamaron por teléfono, y les dijeron que a mi abuela le había tocado el plumero giratorio este que anuncian en la tele, totalmente gratis, sólo tenía que pagar 10 euros de gastos de envío. Como se trataba de un producto anunciado en televisión y la telefonista eran tan persuasiva, al final acabaron accediendo. Al día siguiente, se pasaron por su casa para hacerle la entrega un chico y una chica muy formales. Los cuales pasaron dentro de la casa para informarle de que les habían tocado más productos. Les enseñaron un catálogo y les dijeron que todos los que habían podían elegir cuatro, y además de eso, cómo no, una enciclopedia ilustrada. De ahí en adelante, todo el rollo que soltaron fue exactamente igual que el de Eduardo Noriega y Pepón Nieto en el corto Allanamiento de Morada de Mateo Gil. Afortunadamente, mi tía no se dejó engatusar, pero por cada persona que no lo hace, habrá 30 que sí.

Ignoro la causa por la que las empresas han decidido recuperar esta vieja tradición. Tal vez sea cosa de la crisis de los cojones. Hay gente que está desesperada, y es muy fácil aprovecharse de ellos para enviarlos a vender casi por obligación. Y es que claro, no está la cosa para quejarse de los trabajos. Si bien, hay empresas que están perdiendo dinero con la crisis, también es cierto que ahora nos tienen a su puñetera merced. No señor, la cosa no está para quejarse, está para suplicar por el el puesto más cansino y deprimente que exista, para lamer culos, para renunciar a tus sueños y desperdiciar tu formación trabajando en la primer cosa que pilles, para cobrar 600 euros al mes y aún así actuar como si te estuvieran haciendo un favor... En definitiva, para comer mierda. Para eso está la cosa.


domingo, mayo 24, 2009

Furious Angels

Lo sé, otra vez estoy disculpándome por la tardanza en escribir en mi blog. Para compensaros, os obsequio con esta recomendación cinéfila. Hoy voy a hablaros de la trilogía de Ángeles y Demonios. Sí, sí, habéis leido bien, trilogía. Y no es lo que estáis pensando de El Código Da Vinci, Ángeles y Demonios y otra que esté por rodar, no, la trilogía de la que hablo no tiene absolutamente nada que ver con polémicas adaptaciones de novelas de Dan Brown. Lo que pasa es que aquí en España, las distribuidoras son tan originales que a veces les da por cambiar los títulos de las películas, generando confusiones.

En 1976, Richard Donner rodó The Omen, "El Presagio", que aquí fue estrenada como La Profecía. 19 años después, en 1995, Gregory Widen, guionista de Los Inmortales (Highlander, "El de las Tierras Altas", igualito, vamos), escribió y dirigió The Prophecy, "La Profecía", pero como los muy burros ya habían llamado así a The Omen en España, tuvieron que inventarse un título nuevo: Ángeles y Demonios. En el 2000, Dan Brawn escribió una novela titulada Angels & Demons, que recientemente ha sido adaptada al cine por Ron Howard. Sin embargo, siendo Ángeles y Demonios de Widen una saga relativamente desconocida, casi de videoclub, y la de Ron Howard una superproducción basada en una novela que ya usó ese mismo título en España, la distribuidora ha decidido conservarlo tal cual, regalándole a la de Widen la publicidad engañosa de que algún despistado la encuentre en la FNAC y piense "¡Ay, mira, Ángeles y Demonios ya está a la venta! Vaya, no sabía que salía también Christopher Walken. Bueno, me la llevo de todas formas..."

Pues bien, como ya os he dicho, de la que vamos a hablar hoy es de Ángeles y Demonios (The Prophecy) de Gregory Widen y sus secuelas. A pesar de su título, de lo que trata esta saga es de una segunda guerra entre ángeles, permaneciendo los demonios al margen, sin involucrarse y casi sin hacer acto de presencia. La guerra que vuelve a dividir el Cielo tras de la caída de Lucifer no se inicia por rebelión, sino todo lo contrario, por amor a Dios. Un grupo de ángeles capitaneados por Gabriel sienten celos de nosotros los humanos, y quieren que las cosas vuelvan a ser como antes, cuando sólo estaban ellos y el Creador. El otro grupo, liderado por San Miguel Arcángel, se mantiene fiel a la voluntad de Dios. En medio de todo estamos nosotros, agenos a todo lo que ocurre, pero terriblemente implicados. La guerra no se libra en el Cielo, sino en la Tierra, donde los ángeles son mortales. Afortunadamente, no se trata de una batalla muy numerosa, sino que ambos bandos se espían mutuamente y de vez en cuando tienen algún enfrentamiento en callejones oscuros.

Los ángeles que vemos en esta saga no se parecen mucho a las figuras con rostros infantiles que solemos ver esculpidas en las puertas de las iglesias. En su forma natural carecen de ojos, tienen las cuencas oculares vacías. Al contrario de lo que se suele decir, no son asexuados, sino hermafroditas; tienen órganos de ambos sexos. Cuando bajan a la Tierra, suelen disimular su aspecto escondiendo sus enormes alas hasta hacerlas invisibles y desarrollando ojos, aunque otros optan por ponerse gafas de sol, lo cual, añadido a las greñas largas y las gabardinas que casi todos suelen llevar, les da un extraño toque vampiresco. La única forma de matarlos es arrancándoles el corazón, si lo intentas por cualquier otro método podrás dejarlo KO un rato, pero luego volverá a levantarse. Como veis, se nota bastante la influencia del guionista de Los Inmortales.

La primera entrega, Ángeles y Demonios (1995) la única de la trilogía escrita y dirigida por Gregory Widen, trata sobre Thomas Daggett (Elias Koteas), un hombre que estaba apunto de ingresar en la Iglesia Católica cuando durante la propia ceremonia tuvo unas terribles visiones sobre ángeles ensangrentados, lo cual le hizo perder su fe y abandonó el sacerdocio. Años después es un detective de Los Angeles al que, tras ser visitado por el ángel Simón (Eric Stoltz), le asignan el caso de un extraño cuerpo encontrado con el pecho mutilado, sin ojos y con órganos reproductores de ambos sexos, como le indica su amigo el forense Joseph (Steve Hytner). El extraño cuerpo llevaba consigo una antiquísima Biblia en la que consta el capítulo 23 del Apocalipsis de San Juan, lo cual llama al atención de Daggett, pues dicho capítulo oficialmente no existe. Investigando el libro descubre que hay una guerra entre ángeles, y que ambos bandos andas buscando el alma humana más malévola que aún no haya sido entregada a Lucifer, para usarla como arma. Siguiendo la pista de Simón, Daggett llega hasta un pequeño pueblo, la pequeña Mary (Moriah Snyder) y su profesora Katherine (Virginia Madsen), las cuales están indefensas ante la amenaza de Gabriel (Christopher Walken) y su ayudante Jerry (Adam Goldberg), un joven suicida al que el ángel de la muerte no le permite morir.

A pesar de tratarse de una producción bastante modesta, cuenta con unos efectos especiales decentes y un gran reparto, al que hay que sumar a Amanda Plummer (Pulp Fiction) y a Viggo Mortensen interpretando al mismísifo Lucifer. Elias Koteas hace un buen papel como hombre atormentado, pero sin duda lo mejor de la película (y por fortuna de la trilogía) es Christopher Walken, un villano irónico y cruel. Gabriel puede hacer honor a su especie y ser un ángel dulce, que duerme a los humanos con sólo posarles la mano en la frente o regalar caramelos a los niños y enseñarles a tocar su trompeta, pero también puede ser un asesino despiadado y lleno de cólera. Merece ser mencionada la banda sonora de David C. Williams, compositor que normalmente suele estar encasillado en películas de serie B, pero que aquí hizo un buen trabajo, acompañando su música con coros de voces blancas. En conjunto, una pelicula entretenida, cargada de terror, suspense y con ciertas dosis de acción.

En Ángeles y Demonios II (1998), Gregory Widen ejerció únicamente como productor ejecutivo, cediendo el paso al guinonista Matthew Greenberg (1408) y al director Greg Spence (Los Chicos del Maiz IV). En esta ocasión, los ángeles "buenos" envían a uno de los suyos, Daniel (Russell Wong), para que fecunde a una mujer humana, Valerie Rosales (Jennifer Beals). El niño que nazca de la unión entre el ángel y la mortal será un nefelino, un ser con los poderes de un ángel y la libre voluntad de un hombre, que no es invención de esta película, pues es mencionado en el capítulo 6 del Génesis, aunque muchos traductores cambiaron horrorosamente el término "nefelinos" por el de "gigantes" o "titanes", y según se dice, el verdadero objetivo del Diluvio Universal fue el de acabar con ellos. El ángel Miguel (Eric Roberts) quiere al nefelino para que acabe con la guerra. Pero Gabriel regresa para interponerse en sus planes, sirviendose esta vez de la joven suicida Izzy (Brittany Murphy).

Vuelven a aparecer aquí el forense Joseph, y también Thomas Daggett aunque esta vez interpretado por un tal Bruce Abbott, y en un plano muchísimo más pequeño y desafortunado. Nuevamente la banda sonora cae a cargo de
David C. Williams, quien repite temas de la anterior entrega y además elabora otros nuevos. Esta entrega también resulta entretenida, tiene más acción que la anterior e incluso incorpora algo de humor (cuando Gabriel intenta conseguir información sobre Rosales sin tener idea de ordenadores).

En la tercera entrega, titulada Ángeles y Demonios III: Los Ancestros (2000), Widen no participa de manera alguna. Dirige el correcto Patrick Lussier (Dracula 2001) y escriben Carl V. Dupré (un par de entregas de Hellraiser) y Joel Soisson (Los Inmortales: Juego Final), quien también ha sido productor de las tres entregas. La trama de este capítulo es algo más difusa. El nefelino (Dave Buzzotta) ya es adulto y se llama como su padre, Daniel. Ejerce como orador en un grupo religioso, ignorando que tiene sangre angélica. Sin embargo, mientras está dando un sermón, es abatido a tiros por un asesino (Brad Dourif) infiltrado entre los feligreses. Su cuerpo es llevado al depósito de cadáveres de Joseph, para luego resucitar y desaparecer. Gabriel, pagó muy alto sus fechorías y ahora ha sido rebajado a humano, convertido en lo que más odia. Sin embargo, esta condición le ha otorgado algo que antes como ángel no tenía: un alma, pudiendo discernir ahora entre el bien y el mal, y para nuestra sorpresa ha optado por lo primero. Por tanto, en lugar de matar a Daniel, intenta ayudarlo. La guerra ha adquirido un matiz catastrófico, y el embaucador Zophael (Vincent Spano) pretende disponerlo todo para el advenimiento de Pyriel (Scott Cleverdon), un ángel que, si Daniel no se lo impide, podría sustituir al mismísimo Dios.

Aquí encontramos cameos de personajes de la primera entrega, como la camarera de un bar de carretera donde Gabriel paró para preguntar por unas indicaciones, o la pequeña Mary ya crecidita (¡y cómo!). La banda sonora es de Steve Boeddeker, quien no había ejercido como compositor desde El Exorcista. El trabajo de
Boeddeker tampoco es muy destacable, el 70% de la música que se escucha en la película es material de David C. Williams. De las tres entregas, ésta es la más cutrecilla, siendo carnaza directa de videoclub, aunque se deja ver como las anteriores, y goza de un final rotundo y satisfactorio, sobre todo para el personaje de Gabriel.

Sin embargo, la saga no se queda ahí. Han sacado dos entregas más, tituladas The Prophecy: Uprising y The Prophecy: Forsaken, ambas dirigidas por Joel Soisson en 2005. Ninguna de ellas ha visto la luz en España, y no creo que lo hagan. No aparece ninguno de los personajes de la "trilogía". No las he visto, pero tienen un tufillo a telefilme que me da miedo.


martes, mayo 05, 2009

Crash! Boom! Bang!


My Papa told me to stay out of trouble:
"When you've found your man, make sure he's for real!"
I've learned that nothing really lasts forever
I sleep with the scars I wear that won't heal.
They won't heal
Cos everytime I seem to fall in love
Crash! Boom! Bang!
I find the heart but then I hit the wall
Crash! Boom! Bang!
That's the call, that's the game and the pain stays the same.

I'm walking down this empty road to nowhere
I pass by the houses and blocks I once knew.
My Mama told me not to mess with sorrow
But I always did, and Lord, I still do
I'm still breaking the rules
(I kick it up)
(I kick it down)

That's my real middle-name
It has always been the same
That's the call, that's the game and the pain stays the same.
I still feel the heat
(Slowly fallin' from the sky)
And the taste of the kissing
Shattered by rain
(Comin' tumblin' from behind)
And the wild holy war.

And everytime I seem to fall in love
Crash! Boom! Bang!
I find the roses dying on the floor
Crash! Boom! Bang!
That's the call, that's the game and the pain stays the same.
That's my real middle-name
It has always been the same
Oh yea, Oh yea, Oh yea
Been the same, been the same
It has always been the same