miércoles, junio 10, 2009

¿Imparable?

Me han tocado las vacaciones en la primera quincena de junio, estaré pringando todo el verano, pero como ahora mismo es época de exámenes para casi todo el mundo no tengo con quién irme de viaje, así que estoy aprovechando estos días al máximo para rascarme las pelotas. Ayer estuve todo el día tirado en el sofá engullendo películas, y una de ellas fue La Ola, la cual tiene bastantes puntos en común con El Experimento: ambas son producciones alemanas basadas en experimentos sociológicos realizados en Estados Unidos (para más coincidencia, ambos en California) que acabaron por descontrolarse y tuvieron que ser cancelados.

Sin embargo, Mientras El Experimento nos cuenta lo que ya sabíamos, que el poder, tanto si es real como si es fingido, tiende a corromper, el mensaje de La Ola da mucho más que pensar: a día de hoy, en el siglo XXI, es posible que vuelva a surgir un régimen totalitario.

Rainer es un profesor de Educación Física y Ciencias Políticas algo rebelde con las normas. Tiene una vida envidiable: sus alumnos le aprecian, está felizmente casado, su mujer está embarazada y vive en una casa-barco en un precioso lago en el que se pega un chapuzón cada mañana. En el instituto es la semana de proyectos, y los alumnos de bachillerato estudiarán unos Anarquía y otros Autocracia. A Rainer lo que le interesa es impartir la primera de las materias, más acorde con su forma de ser, pero otro profesor, el típico autoritario amargado, interviene para que no sea así, por miedo a que lo que enseñe a los alumnos sea preparar cócteles molotov. De esta forma, el autoritario imparte Anarquía y el liberal Autocracia. Como a los alumnos les cuesta digerir unas clases puramente teóricas, a Rainer se le ocurre un método para que aprendan cómo funcionan las dictaduras: recrear una en la clase, en la que él será el líder. La idea es bien acogida, tanto que los propios alumnos van eligiendo un ideal, un uniforme, un saludo característico y un nombre: La Ola. Poco a poco se dejan llevar; el marginado ahora siente que forma parte de algo, la mandona ya no es quien domina, el que dirige la obra de teatro del instituto aprende a imponerse sobre su indisciplinado reparto... Es fácil, es agradable y está lleno de ventajas formar parte de la Ola. Pero también empiezan a surgir fanatismos, actos bandálicos, desconfianzas hacia los que no participan y enemistades con los grupos radicales de fuera. Como ya he dicho más arriba, el experimento acaba descontrolándose.

Resulta interesante que esta crítica a los regímenes totalitarios haya sido rodada precisamente en Alemania, demostrando que dicho país ya ha superado su pasado nazi y se siente con libertad para hablar sobre él sin tapujos. Me pregunto cuándo superará España su pasado franquista. Aparte de eso, se trata de una película convencional. El director Dennis Gansel hace un trabajo correcto pero tampoco innova demasiado, incluso llena la película de canciones en inglés para poder venderla mejor en el mercado anglosajón. Los estudiantes, porque hablan en alemán, si no podría decirse que prácticamente son americanos. Todo está muy occidentalizado.

Sin embargo, al igual que con El Club de la Lucha, estos inconvenientes son perdonables si eso implica que la película tenga un público más amplio y, por tanto, el mensaje llegue a un mayor número de gente. Y al igual que Zeitgeist, es una película que recomiendo a todo el mundo, tanto a los jóvenes que no saben lo que es una dictadura, como a los adultos que creen saber lo que es y la encuentran justificable.