miércoles, septiembre 05, 2007

El Gran Desafío (parte 3)

Cuando llegamos a la playa lo vimos allí inmóvil, mirando al horizonte. Me acerqué hacia él con cautela en un último intento para convencerle. No dejaba de mirar al frente.

- Recuerda lo que nos dijeron. Si intentamos huir nos harán picadillo. Tenemos que quedarnos aquí. Si resistimos los ataques de lo caníbales en tiempo suficiente lograremos acojonarles y se les quitarán las ganas de seguir molestándonos. – Billy empezó a reirse.

- Acuérdate también de que si matas a uno los demás irán a por ti hasta el final. No podemos ganar.

- Si te quedas tienes la oportunidad de esconderte. Si echas a nadar te matarán seguro. – Cuando le dije esto me devolvió la mirada.

- Está bien, me quedaré un rato más. Sólo tengo el veinte por ciento de posibilidades de salir con vida de esta condenada isla, así que supongo que tienes razón, sería una estupidez desaprovecharlas.

Por primera vez empezábamos a entendernos. Por desgracia, con tanto grito habíamos vuelto a atraer a esos cabrones. Bola Ocho nos avisó y echamos a correr de vuelta a la selva, pero eran demasiados y muy buenos rastreadores. Nos ocultamos y permanecimos en silencio un instante. De pronto surgió un cara pintada y avisó a los demás. Empezaron a salir de todas partes y les combatimos como pudimos. Conseguimos acabar con todos. Resultaron ser sólo siete, pero parecían quince por lo menos. Uno de ellos me hirió en el costado, sangraba un poco peor no era tan grave como aparentaba. Eveline y Bola Ocho me ayudaron incorporándome en el suelo con la espalda apoyada sobre un tronco. Me vendaron la herida con un el brazo de la camisa de mi uniforme azul. Me arranqué el otro brazo de la camisa y me lo puse doblado en la parte de la herida para que absorbiera mejor la sangre. No era grave, pero dolía. Mientras, Billy Boom y Sujumi permanecían alerta. Eran los dos mejores fichajes para una situación así

Pronto cayó la noche y decidimos descansar en aquel lugar. Tuvimos un rato de tranquilidad y me puse a pensar que si salía vivo de allí sería a costa de las vidas de los demás. En fin, no es que sea muy sociable, pero empezaba a sentir simpatía por el grupo. Por Sujumi, por Bola Ocho, e incluso por el bestia de Billy. Y en cuanto a Eveline, sí, me atraía bastante. Parecía una aventurera.

Me pareció oir algo arrastrándose hacia mí. Me acojoné y agarré con fuerza mi lanza. Cuando se acercó lo suficiente descubrí que era ella.

- ¿Cómo te encuentras? - Preguntó.

- Sobreviviré. Eso espero. – Nos quedamos mirando fijamente. Sabía perfectamente a lo que me estaba refiriendo. Finalmente ella rompió el silencio.

- Quería darte las gracias por librarme de ese cabrón.

- Bueno, es un desequilibrado, pero puede sernos útil. A lo mejor matando caníbales se le pasa el ansia que tiene por clavártela a ti. – Se acercó a mí y me besó. Me dejó un poco extrañado.

- ¿Qué haces?

- Tal vez muramos mañana mismo. ¿No te gustaría hacerlo por última vez?

Hombre, pues la verdad es que el último polvo que había echado fue virtual, así que no desaproveché la oferta de Eveline. Además lo hicimos en mi postura favorita: me tumbé en el suelo y dejé que ella se moviera. Estaba herido y no me podía menear mucho. Tuvimos que hacerlo en siencio, no queríamos despertar a los demás, eso nos preocupaba incluso más que atraer a aquellos negros encabronados en tanga. Cuando terminamos ella volvió a su posición. Me quedé tan a gusto que enseguida dormí la mona.

28-01-2013

Faltaba poco para que amaneciera cuando me despertaron unos extraños cánticos y tambores. Escuché también gritos de agonía; por lo visto el terrorista pakistaní no estaba muerto cuando se lo llevaron. Después empecé a oír pasos. Los demás ya estaban despiertos. Me ayudaron a levantarme y formamos un círculo espalda contra espalda, apuntando con las lanzas al frente.

Comenzaron a surgir caníbales de aquí y de allá. Al principio nos las apañábamos bien, pero cuando vieron los cadáveres amontonados de los otros siete que habíamos matando antes estallaron en cólera. Echamos a correr y salimos a la playa. Desde allí pudimos ver un mensaje proyectado con lásers desde el satélite sobre la luna llena: <<No habrá salvación para nadie>>. Seguido de éste apareció otro: <<Vais a morir todos>>.

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